Por principio de cuentas, los misóginos son individuos que sufren una especie de represión interna que los convierte involuntariamente en seres perversos, que se ensañan despiadadamente con su pareja o con quienes consideran sus adversarios o sus competidores.
Estos individuos
se caracterizan por hostilizar o agredir física, verbal o mediáticamente,
principalmente a las mujeres; son personas con tendencias a resolver sus
diferencias a golpes o bajo algún tipo de violencia.
La causa de este
comportamiento, según Sigmund Freud, tiene que ver con los traumas de la
infancia; no haber contado con la figura paterna, haber sido objeto de la
hostilidad materna o haber sido reprimidos en el ejercicio de su sexualidad en
la niñez o en la adolescencia.
Entre otras de sus
características sicológicas, es que son muy dados a utilizar el escarnio, la
denostación y la manipulación; son personas que no lograron crecer ni emocional
ni intelectualmente.
Por lo general,
los misóginos son individuos que ponen en duda la sexualidad de los demás y
utilizan el sarcasmo como una forma de agresión. Su rasgo particular es que son
sadomasoquistas, pues por un lado disfrutan con el sufrimiento y la hostilidad
hacia sus víctimas y, por otro, sufren internamente por su incontrolable conducta.
En el fondo, esta
conducta se debe a su auto represión interna que desde la infancia han ejercido
hacia su propia sexualidad; en tanto que consideran que la homosexualidad es
motivo de vergüenza o de señalamiento social, evitan ser descubiertos u ocultan
sus desviaciones haciendo escarnio de los demás o agrediendo a las mujeres bajo
sus más diversas manifestaciones.
Patológicamente
podríamos decir que los misóginos son homosexuales reprimidos, que no logran
entender el porqué de su odio hacia las mujeres y del por qué sus fobias hacia
quienes ellos mismos perciben como homosexuales o sus competidores.
En realidad no
logran entender que la sexualidad de las personas no es motivo de escarnio y
que si lo emplean como tal es porque ellos mismos sienten vergüenza de una
conducta o de un sentimiento que buscan ocultar.
En general, su
falta de capacidad para entender sus propios sentimientos o disfrutar
plenamente de su sexualidad los convierte en individuos perversos, que buscan
satisfacer sus necesidades afectivas cometiendo actos o acciones reprobables
socialmente pero que atraen la atención. La agresión, la burla, la hostilidad o
la denostación, son formas de satisfacer su infelicidad.
Su falta de
satisfacción afectiva o sexual los convierte tarde que temprano en criminales,
en agresores, en personajes sádicos que sólo encuentran el placer en el
sufrimiento de los demás y, en especial, en el sufrimiento de la mujer.
Seguro estoy que
usted conoce a más de algún personaje que tiene como costumbre alguna de
estas conductas hacia las mujeres o cualquiera de sus semejantes. Aléjese de
ellos, no ponga en riesgo su salud emocional...
Javier Orozco
Alvarado

No hay comentarios.:
Publicar un comentario