AQUÍ ESTOY...Y SOY LO QUE SOY...

Este es mi mundo

por qué no sentir orgullo

de eso

Es mi mundo

y no hay razón para ocultarlo

de qué sirve vivir

si no puedo decir

soy lo que soy.




1 de diciembre de 2008

¿No sabes que el amor es una carga explosiva de profundidad? Cargas de profundidad en el mar de la Serenidad… ¡Qué preciosidad! Morir por una explosión de amor. Eso no pasa en nigún otro mar, ningún otro mar es tan peligroso.
Tentador.
El Mar de la Serenidad es el cebo de una trampa del amor. Y está ahí debajo, oculto, en animación suspendida esperando con la misma ansiedad con la que nosotros buscamos. Espera que alguien rompa el hechizo, que alguien deje de mirar su reflejo y contemplar las estrellas. Que irrumpa con su cuerpo en el agua y convierta en un caleidoscopio toda esa superficie tersa. Los amados no son espejismos, precisan besarse, tocarse, penetrarse, lamerse…está allí nuestro amor, a unos metros. Deseando que demostremos un cariño que destruya el miedo atávico a la oscura profundidad insondable, sin temor a ahogarnos. Sin miedo al amor; que no se conformen con observar esa quietud tramposa y plana.
¿Y por qué exige tanto de nosotros el malvado y querido amor?
Amad o iros; esto es una prueba de valor.
Romperé el hechizo de ese mar de la serenidad, no dejaré que siga allí oculta, destrozaré mi reflejo y los astrónomos le cambiarán el nombre por el Mar Agitación.
Ella espera un alarde de amor, no quiere esa mirada dulce (se cansó), está exigiendo manos, está exigiendo la boca. Está exigiendo ser más que el reflejo. Está cansada de espejismos y pensamientos. Su cuerpo precisa ser recorrido, secado, necesita el calor que la serenidad disipó. Quiere sus pechos presionados por una mano ajena, necesita liberar el agua de su sexo desde dentro, excitado.
Y yo no puedo mirar mi cara por más tiempo, estoy cansado de mí.
Romperé el reflejo con el pie que avanza, admiraré la belleza de ese cielo multifragmentado; me convertiré en el demoledor de la serenidad, me hundiré en ella y hacia ella.
La rodearé con mis brazos y la sacaré de allí, como un héroe; la arrastraré a la violencia del deseo, a la inquietud del amor, al fragor de la respiración agitada.
Ya no hay serenidad, sólo un grito llamándola. La soledad ha virado a la locura. Destrozaré cualquier asomo de belleza acuática por ella. Porque la serenidad es ella. Y no quiero que conforte el agua, necesito que conforte mi espíritu. Que de quietud a toda esta ansia. Que sujete mi alma que se retuerce en espasmos de deseos, en masturbaciones de un placer apenas gozado.
No quiero seguir llorando así, solo como un perro en la Luna…
Voy a ti…
Y el agua helada muerde todo mi cuerpo, todo mi organismo se colapsa.
- ¿Lo ves, mi amor? Voy a ti. Cuando me encuentres dile a mi cadáver que me quieres.
Yo se que no llegaré a ella, la suerte está echada.
Ella lo ha querido así, ella ha exigido su sacrificio, y yo estoy ya tan cansado de no tenerla… Que el Mar de la Serenidad acoja mi cuerpo muerto y me hunda hasta sus brazos. A los de ella, a los del amor.
Estará orgullosa de mi valentía…

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